jueves, 21 de mayo de 2009

VALPARAÍSO DE MI AMOOOORRRRR!!!!!



UNA CARICATURA DE PAÍS
El 21 de mayo en Valparaíso se puede describir como un cóctel de realidades tan divergentes y tan cercanas unas de otras que conforman lo patético que nos ocurre como habitantes de esta “larga y angosta faja de tierra”.
Amaneció en el puerto después de una fría noche en que profesores venidos de distintos lugares del país se concentraban en el colegio San Benito y venciendo al frío y al desánimo efectuaban una vigilia esperando alguna buena noticia para la solución de sus demandas.
De madrugada se dejaban caer por las calles aún silenciosas, grupos de mujeres reconocidas como las “deudoras habitacionales” y cuatro de ellas no encontraron mejor estilo de protesta que encaramarse a una grúa de más de 50 metros de alto y anunciaban que “si había que dar la vida” lo harían en razón de sus peticiones.
Al poco rato, las fuerzas policiales se tomaron las calles centrales de la ciudad para “defender del pueblo” a la Presidenta, que según las encuestas, de cada 100 chilenos, 67 se cortarían las venas por ella.
Lejos del centro, en las diversas lomas que conforman el paisaje porteño, se escuchaban los ritmos de las cumbias, provenientes de equipos a todo “full”, dándole el color y sonido natural a un feriado que se aprovecha para estar cerca de la parrilla y pegarse unos buenos “cañonazos”.
Caminando cerca del Congreso se observaba un ambiente restrictivo, venía un auto descapotado y sobre él, la figura solitaria de la Sra. Michelle, haciendo señas con su mano a ¡nadie!, no había nadie de esas personas que supuestamente la apoyan y deberían haber estado gritando ¡vivas!, como era en los antiguos tiempos, antes de don Pinocho.
El cordón policial no permitía el acceso a las personas para observar el paso de la mandataria hacia el Congreso Nacional. En una vereda había unas viejitas, que al parecer, Camilo Escalona les había pasado unas banderas chilenas para adornar el solitario cuadro.
Desde lejos, aproximadamente a una cuadra, la chusma, observaba el raudo desplazamiento de subsecretarios, ministros, asesores, aparecidos, chupamedias, señoras de la elite, alcaldes, senadores, diputados, que enfundados en trajes diseñados en Europa, se introducían velozmente a este edificio del Congreso, que los porteños han bautizado como “la cueva de Alí Babá” (será por los ladrones, supongo).
Todo muy ordenadito, muy como para la imagen hacia el exterior. Los policías hasta parecían amables enfundados en sus trajes de seguridad que los asemejan a los jugadores de fútbol americano. Hasta se divertían filmando a las personas que transitaban por esas calles.
En dirección hacia el lugar donde se erige el Monumento a Prat y a los Héroes de Iquique, una muchedumbre expectante apuraba el tranco a la vez que engullía completos, papas fritas, algodones de azúcar, brochetas y choripanes, sin preocuparse de la “fiebre del chancho” o de la listeria, total “de algo hay que morirse” decía un borrachito que acompañaba su choripán con un trago de tintolio en plena vía pública.
¡Oh!!! ¡¡Sorpresa!, la chusma no podía ingresar al centro del acto del 21 de mayo, estaba todo cercado y rodeado de policías. Había que acomodarse en las calles laterales, esperando que pasara la comitiva presidencial. Mientras tanto delegaciones de huasos y chinas entonaban cuecas y tonadas poniéndole un toque de patriotismo al evento. Muchos huasos en caballos que a cada rato meaban y dejaban sus “tortas” por todos lados. Unos gringos aprovechaban de sacar fotos y filmar estas escenas tan típicas de nuestras celebraciones.
Tratando de encontrar una ubicación para ver el desfile, el grupo que conformábamos, alcanzó a parapetarse a 100 metros por detrás de don Arturo, que sable en mano, presidía la magna ceremonia preparada para ser vista por televisión.
Alcancé a distinguir a lo lejos, la refulgente cabellera de la Mandataria, que ingresaba al mausoleo donde Prat duerme el eterno sueño de los mortales. En ese mismo instante tres mujeres infiltradas, mucho más cerca de la Presidenta, comenzaron a manifestarse con gritos que rápidamente fueron apagados por una tropa de verdaderos elefantes verdes, que las pescaron de los brazos y las elevaron por el aire, sacándolas del lugar en dirección a un carro policial. Otras mujeres las emprendieron contra los policías: ¡Maricones, abusadores de mujeres, pacos c….!!!!, era lo más suave que se escuchaba.
Creció la tensión en ese lugar, lo que aconsejaba hacer una digna retirada. Total, íbamos a ver el desfile y no a ser presa de la represión que se preparaba si alguna mujercita seguía gritando.
Uno de los amigos que me acompañaba dijo con indignación: ¡Métanse la parada por la raja!!!
Y como dijo Serrat: Vuelve el pobre a su pobreza, el rico a su riqueza y el señor cura a su misa…

No hay comentarios.:

Usted es la visita: